La comunicación con el paciente es un tema que preocupa a muchos familiares en su relación diaria. Dado
que la enfermedad se caracteriza por el progresivo deterioro de las funciones cognitivas, las personas que están en contacto con el paciente deben aprender a interactuar con él.
Realmente esta comunicación con la persona con demencia presenta una doble función: por
un lado, transmitir al enfermo sensación de seguridad y; por otro lado, adquirir la información necesaria para proporcionarle el bienestar que necesita.
El enfermo de Alzheimer puede tener la impresión de que los demás pasan a controlar su vida, o que hablan por ellos. Incluso en ocasiones pueden sentirse dominados o incómodos si se habla de ellos en su
presencia como si no estuvieran.
Hay que tener presente que el enfermo es una persona que siente, sufre y quiere transmitirnos sus pensamientos; debemos darle oportunidad para que se exprese.
Existen una serie de pautas que pueden ayudar a que la comunicación nos sirva para aproximarnos y no acabe produciéndose un distanciamiento:
- Mostrarnos tranquilos y hablar con un tono de voz suave.
- Sentarse al lado o enfrente de ellos, a su misma altura. Usando la comunicación no verbal,
el contacto físico para transmitirle seguridad.
- Llamar al enfermo por su nombre.
- Hablarles de forma clara y concisa, utilizando frases cortas y sencillas, pero sin olvidar que
hablamos con un adulto, no con un niño.
- Dejarle tiempo para responder, teniendo en cuenta que su tiempo de reacción y de procesamiento
está enlentecido.
- Ser positivo y mostrar interés, expresar reconocimiento
por los esfuerzos que realiza.
- Eliminar la utilización de la expresión «¿no recuerdas?»; es una de las funciones cognitivas que se pierden con lo cual, eso aumentará su frustración.
- Buscar temas de conversación que sean de su agrado.
- Es más recomendable decirle al enfermo lo que debe hacer, en lugar de lo que no debe hacer.
Si le impedimos que haga una conducta, no sabrán qué conducta es la adecuada para
realizar.
Respecto a la comunicación no verbal, es importante pensar que se trata de la principal porque
nos va a permitir comunicarnos con el enfermo hasta los últimos estadios. Las personas pensamos que en una conversación las palabras son nuestra máxima fuente de comunicación o fuente de expresión. Sin
embargo, existe otra comunicación que abarca el 80% de la comunicación humana. Se trata de la comunicación no verbal, porque hablamos con nuestros ojos, con nuestro tono de voz, con nuestros gestos expresamos lo que en realidad sentimos.
Por lo tanto, es interesante que en la enfermedad de Alzheimer se potencie este tipo de comunicación porque nos facilitará la comunicación con la persona que padece demencia.
En ocasiones, será mejor un gesto (apoyar nuestra mano sobre la suya,…) que una extensa explicación que, tal vez, no llegue a comprender.
En la enfermedad de Alzheimer, el lenguaje se ve afectado conforme avanza la enfermedad.
Si la persona no puede comunicarse, le pediremos que señale las cosas o que gesticule.
Los silencios tienen importancia en la comunicación, nos permiten expresar las emociones que no podemos expresar mediante palabras. Para que estos silencios sean significativos los acompañaremos de una caricia
o simplemente, mantener un contacto físico (por ejemplo, tomar su mano).
Por último, podemos destacar que al tratar con un enfermo de Alzheimer, debemos pensar qué trato nos gustaría recibir a nosotros en su lugar, como personas que somos.
Esther López Baeza
Tlfno- 675 44 99 92
Gerontologa
Psicóloga
de la Asociación de Familiares y
Amigos de Enfermos de Alzheimer
de Alicante

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